UNA ORDEN DE HERMANOS
Los Capuchinos somos una Orden Religiosa que forma parte de la Familia Franciscana, concretamente una de las tres reformas, existentes hoy, surgidas de los frailes de san Francisco; estas tres reformas son: los Hermanos Menores Conventuales, los Hermanos Menores Observantes y los Hermanos Menores Capuchinos. Cada una de ellas son ramas de la familia franciscana, autónomas y en el espacio de la Orden fundada por san Francisco: iguales en la raíz y el tronco, diversas en su fisonomía externa, estilo y talante. Es la riqueza de la pluralidad en la unidad querida por Cristo.
Los Franciscanos capuchinos surgimos a partir de la experiencia de renovación de fray Mateo de Bascio, Rafael y Ludovico de Fosombrone, en 1528. Su máxima desde el principio, fue conseguir unas condiciones de libertad para observar la Regla y la forma de vida original. De ahí, que tienen por fundador al propio san Francisco de Asís, y por espiritualidad precisamente la misma espiritualidad franciscana. Capuchinos es ante todo la propia Orden de Frailes Menores, núcleo suyo, y su apelativo de capuchinos, no es más que simple aditamento a aquel título sustancial. Emergió al interior de la OFM, cual reforma suya; no para crear algo nuevo, sino para corregir desviaciones y retornar con renovada resolución y conformidad, al peculiar origen y fuentes de la común identidad.
Los primeros capuchinos subrayaban la vida de oración, pobreza, austeridad y fraternidad así como la predicación sencilla al pueblo y la dedicación a los enfermos afectados por la peste (leprosos de su tiempo). Querían imitar a Francisco de Asís hasta en su porte externo; por eso iban descalzos, usaban barba y llevaban una túnica con una larga capucha puntiaguda. De aquí su apelativo de "capuchinos", simplemente por la reposición que hacían del hábito original, en que destacaba un simple capucho largo.
En 1528 los capuchinos fueron instituidos jurídicamente como "Frailes Menores de la vida eremítica", mediante bula de Clemente VII. Recibieron autonomía y dependencia similar a una provincia, al interior de la rama Conventual. Son así herederos del carácter Conventual, pero recibiendo de inmediato gran número de Observantes, e incluyeron en sus constituciones, que redactaron ese año en Albacina, elementos propios de los Ermitaños Camaldulenses. En 1534 ya el nombre de Capuchinos llegó a serles asignado incluso en documentos oficiales de la Iglesia. Para entonces eran ya 700 hermanos. Pasaron a ser una Orden independiente por determinación de Pablo V en 1619, escindiéndoseles de los Conventuales; a los que los Capuchinos estuvieron ligados por 92 años.
Habiéndose multiplicado otra vez inconsistentemente para fines del siglo XIX las ramas franciscanas, en 1897 León XIII las refundió a todas en la actual OFM (Franciscanos); y permanecieron independientes, por su solidez institucional, las Ordenes Conventual y Capuchina.
En el siglo XVIII los capuchinos llegaron a ser más de 34.000. Hoy somos en el mundo alrededor de 11.000 hermanos y estamos presentes en 99 países de todos los continentes. La Curia general de la Orden está en Roma, y es su Ministro General el hno. Mauro Jöhri, de Suiza.
Muchos son los frutos de santidad que ha dado esta orden, modelos como Félix de Cantalicio, Lorenzo de Brindis, Agatángelo y Casiano, Diego José de Cádiz, y más recientemente san Pío de Pietrelcina, fray Leopoldo de Alpandeire, y los recien beatificados mártires de la persecución religiosa. La historia sigue para la orden capuchina que, a la luz del Evangelio y de los signos de los tiempos, sigue viviendo el espíritu de Francisco de Asís con toda su riqueza.
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LOS ORIGENES
El deseo de volver al proyecto original de Francisco de Asís acompañará a muchos frailes en el caminar histórico de la Fraternidad, siendo el motivo de los innumerables intentos de reforma que el Franciscanismo ha conocido a través del tiempo.
A mitad del siglo XIV, por reacción contra el "conventualismo" de la Orden, comenzaron a aparecer en Italia, España y Francia diferentes grupos de frailes que aspiraban a una vida más coherente con los orígenes franciscanos, deseosos de volver a una vida más acorde con los orígenes de la Fraternidad, especialmente en el retiro y la pobreza. Dentro de este ambiente de reforma nacieron los Capuchinos.
El motivo fue el mismo de siempre: un grupo de frailes, en este caso Mateo de Bascio, Pablo de Chioggia y los hermanos Ludovico y Rafael de Fossombrone, insatisfechos de la vida que se llevaba en la "Observancia", se decidieron volver al eremitísmo de los orígenes como una forma de cumplir literalmente la Regla.
Sin permiso previo de su Provincial, optaron por hacer efectiva su nueva forma de vida, ocasionándoles persecuciones y aventuras sin fin hasta que su amistad con Catalina Cibo, duquesa de Camerino y sobrina del Papa, hizo posible que el 3 de julio de 1528, por medio de la bula "Religionis Zelus", Clemente VII concediera existencia jurídica a la nueva Fraternidad. En realidad se trataba, simplemente, de pedir llevar "vida eremítica", guardando la Regla de San Francisco, de usar la barba y el hábito con el capucho piramidal -de aquí el nombre de "Capuchinos"- y de predicar al pueblo.
La afluencia inmediata de gran número de observantes y algunos novicios planteó la necesidad de hacer unas Constituciones que definieran la incipiente reforma. Un año después se convocó el primer Capítulo para organizarse y redactar las Constituciones que, por hacerse en el eremitorio de Albacina, han pasado a la historia como "Las Constituciones de Albacina", aunque en realidad llevaran el título de "Constituciones de los hermanos llamados de vida eremítica".
La reforma Capuchina, de tanto rigor en sus formas, se mostraba en fondo poco franciscana. Reforzada por el ingreso de grandes personalidades de la "Observancia", se vio la necesidad de hacerla más equilibrada volviendo al genuino espíritu de Francisco. Para ello se convocó un nuevo Capítulo con el fin de discutir las nuevas Constituciones. Algunos de los iniciadores de la reforma no resistieron este cambio, creando verdaderos problemas, por lo que tuvieron que ser expulsados de la Orden. En 1536 se promulgaron las nuevas Constituciones, donde la mesura y el equilibrio entre la contemplación y la acción llegaron a tal punto que se que convirtieron, prácticamente, en la legislación definitiva de la Orden. Las posteriores renovaciones sólo introducirán detalles de forma que no afectan al contenido.
La celebración del Concilio de Trento (1545-63) favoreció la consolidación de la reforma. Con la instauración de casas de estudio en vistas a la formación para el ministerio, unos conventos más especiosos y una organización más disciplinada, los Capuchinos no sólo se afianzaron sino que lograron expandirse geográficamente. Primero fue Francia, después Bélgica. En España resultó más difícil por la prevención existente en la Corte de Felipe II, al considerar que la nueva reforma de los Capuchinos no añadía nada a la ya existente en España y muy extendida reforma de los Descalzos y Alcantarinos.
El primer intento parece que fue en 1570, aunque sin resultados positivos. Fue en 1578 cuando consiguieron establecerse en Barcelona. La Orden fue extendiéndose rápidamente hacia el Rosellón, luego hacia Valencia (1596) y, finalmente, Aragón (1598) y Navarra (1606.) Castilla seguía cerrada a los Capuchinos, hasta que en 1609 lograron establecerse en Madrid; multiplicándose posteriormente por otros puntos de Castilla y Andalucía (1613).
Los capuchinos, por tanto, en su opción de volver a los orígenes no hicieron más que seguir el ambiente de renovación y darle una forma concreta. "Volver a Francisco" era la consigna que latía en el fondo de la reforma; pues, como dice uno de los primeros cronistas: "Reformarse no es otra cosa que retornar a la forma original dada en los comienzos a nuestra Orden".
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LA CONFERENCIA IBÉRICA DE CAPUCHINOS (CIC)
Los inicios de la Conferencia Ibérica de Capuchinos se remontan al año 1934, cuando por las difíciles circunstancias que atravesaba España, los superiores mayores de las cinco provincias españolas comienzan a reunirse esporádicamente para estudiar la forma de saber cómo afrentarlas conjuntamente y, asimismo, buscar las soluciones mejores a los problemas que, de vez en cuando, se suscitaban.
En el correr de los tiempos, iniciada ya en 1939 la autonomía de los capuchinos portugueses, por ser en su mayoría nativos, y creada esta nación como organismo independiente de los españoles, los superiores mayores de Portugal comienzan a participar en estas reuniones desde 1959. Se llamó en un principio "Asamblea de Superiores Provinciales de España y Portugal" APCEP. Pronto estas siglas, a raíz de la promulgación de las nuevas constituciones dadas a la Orden en 1968, sufren el cambio por las de CIC, que equivale a Conferencia Ibérica de Capuchinos, que es como hoy se conoce.
Las provincias españolas han sido las pioneras en la Orden Capuchina de la creación de una entidad que, con el tiempo, ha sido sancionada por sus mismas leyes, imponiéndola en la legislación creada en el dicho año 1968. Actualmente, las Conferencias Capuchinas existentes, en virtud de lo establecido por las dichas constituciones de la Orden, son 19 y están distribuidas por todo el mundo. La finalidad de esta institución, como determina el número 131,1 de las referidas constituciones es la de "promover la cooperación tanto de las provincias, viceprovincias y custodias entre sí, como con las Conferencias episcopales o las Uniones de superiores o superioras mayores, para tratar los asuntos que vayan surgiendo y garantizar, en lo posible, la uniformidad de gobierno". Precisamente, fue todo esto lo que movio a los ministros provinciales de España a aunar conjuntamente sus esfuerzos para lograr un mayor entendimiento en el logro de sus competencias.
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